protégete de las alimañas que querrán almorzar tu corazón.
Éstas usan todos los disfraces de los carnavales en la tierra: se visten como culpas, como oportunidades, como precios que hay que pagar.
Te hurgan el alma; te taladran con sus miradas o sus llantos, hasta lo más profundo del magma de tu esencia; no para alumbrarse con tu fuego, sino para apagar la pasión, la erudición de tus fantasías.
tienes que saber que el aire que te nutre, acarrea también parásitos, moscardones, insectos menudos e infectos, que buscarán alojarse en tu sangre y nutrirse de cuanto sólido y grande haya en ti.
No pierdas la compasión, pero niégate a cuanto conduzca a negarte la palabra, a esconder quien eres, a lo que te obligue a ablandarte y te prometa un reino terrestre a cambio de tu sonrisa complaciente.
Si eres una mujer fuerte,
prepárate para la batalla; aprende a estar sola, a dormir en la más absoluta oscuridad sin miedo a que nadie te tire sogas cuando ruja la tormenta y te obligue a nadar contra corriente.
Entrénate en los oficios de la reflexión y el intelecto. Lee, hazte el amor a ti misma, construye tu castillo, rodéalo de fosos profundos, pero hazle anchas puertas y ventanas.
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Si eres una mujer fuerte,
haz saber que eres un campo magnético hacia el que viajarán aullando de dolor, los clavos herrumbrados y el óxido mortal de todos los naufragios.
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Si eres una mujer fuerte,
sé como los árboles, florecientes en el exterior y de firmes y extensas raíces hacia tu interior. Invoca la memoria de todas las mujeres y hazlo por todas nosotras.... Házlo por ti.
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