La espera enferma el corazón. Es un virus que intoxica y corroe hiriendo en duda.
Las Mujeres esperamos, y con la espera armamos el nido para sufrir el doloroso encantamiento hipnótico que nos haga creer que nos aman de otra manera ; que él es distinto... y ya va a entender y ya va a cambiar, por mi.
Acurrucadas y tiesas, la espera nos priva, porque así lo decidimos, antes que reconocer la única privación real, la de la ausencia.
Sumidas en relatos achocolatados odiamos a quien amamos, pero no lo odiamos porque no está, sino porque nunca se termina de ir.
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Y entonces aquí no hay ausencia, lo único ausente es la verdad...
La Verdad que no hemos buscado tan solo por cobardía, la verdad de no querernos ver. Dejamos que lo único que lo que él haga bien por nosotras, es ayudarnos en nuestro maltrato, para encontrar un culpable a nuestra amada soledad; para lo cual, ya no hay consejo, sino tan solo obviedad.
Ya todas Las Mujeres estamos en edad de tirar por la borda aquello que nos detiene, nos ata, nos perturba y no nos cuadra.
Aquello que nos desvela, aquello que no nos sana.
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Podemos ya también deshacernos de nuestras quejas, de nuestras dudas, de nuestros silencios y nuestras manipulaciones, de nuestro cansancio y desde ya, de todos y todas aquellos que nos aburren.
Y deshacernos de nuestra impuesta, cobarde y consentida soledad de la espera.
Ya podemos, adelante !!!
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