Historia de las velas.
La palabra vela o cirio, procede del latín su significado es brillar. Un medio de ofrenda es encender una vela en una iglesia, un santuario, o un templo, sintiendo una manifestación espiritual, y una necesidad interna de ponerte en contacto con Dios, con los Santos o las Vírgenes de nuestras parroquias, y descargar nuestras culpas, nuestras penas, nuestros pecados, nuestras incertidumbres, pidiendo un favor por nuestros allegados o por nosotros mismos, es necesario cargar esta vela con claridad del propósito que queremos y siempre encenderlas con materiales naturales, y nunca de otra vela ya encendida en ofrenda.
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La llama de una vela que cae hacia abajo y se eleva repetidas veces nos está indicando un peligro.También se indica éxito seguro cuando la punta de la mecha, de donde nace la llama, se pone brillante. Si este brillo dura mucho tiempo el éxito será prolongado, pero si se desvanece pronto será de corta duración. Una llama que arde lentamente y es de corta altura nos indica que en nuestros proyectos actuales no habrá éxito. Si la llama de la vela se mueve en forma de espiral o dando continuas vueltas nos está indicando que llevemos cuidado con algunas personas de nuestro alrededor porqué nos pueden traicionar. Una llama que chisporrotea nos comunica que pronto tendremos una desilusión. Si la llama se apaga repentinamente nos indica una pérdida. Desde la antigüedad se ha creído siempre que la luz de las velas disipaban al hombre de la oscuridad, del frío, de las cosas que obran en la oscuridad y de los malos espíritus. El uso de las velas requiere también nuestro esfuerzo personal, no basta con encenderlas hay que poner tanta fe como lo hacemos cuando recitamos una oración. Las velas que se ponen en los altares deberían ser siempre blancas, altas y de cera de abeja; dos es lo normal (una a cada lado), pero se puede poner también una (siempre en el centro). Encender las velas debe ser el primer acto que se realice en un ritual. Hay que tener mucha precaución con el fuego motivo a veces de graves incendios. La mesa del altar debe ser preferentemente de forma rectangular aunque también pude ser cuadrada. Se cubrirá con un paño de altar que se utilizará única y exclusivamente para los rituales, si es posible de seda natural.
Si entramos en mas detalles llegaremos
a la conclusión de que una simple vela encendida, pone en movimiento las fuerzas sutiles de la naturaleza, sólido, la vela (tierra), se transforma en elemento aéreo (aire), encendida (fuego) y liquido (agua). Tomando en cuenta lo explicado anteriormente, la vela es un receptor fijado a nuestro pedido que después de encenderla expande y transmite nuestra solicitud para llevar a cabo nuestra petición. Una vela encendida no sólo sirve para iluminar, como era costumbre en la época en la que no existía la energía eléctrica. Actualmente es más que eso, es un instrumento simbólico utilizado “iluminar” el camino de nuestros ruegos, pedidos y pensamientos y conectarlos con el plano astral para ejecutarlos.
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